Historia

HnoSerafinGarcia 1A raíz de la Segunda Guerra Mundial, la Ciudad de Monterrey experimentó un fuerte crecimiento industrial y comercial y su población aumentó rápidamente. Entre los empresarios que se dedicaron a los bienes raíces, se distinguieron los señores Santos, propietarios de una famosa empresa y urbanizadores de la Colonia del Valle.

En el proyecto contemplaban la construcción de una iglesia en el centro del Fraccionamiento y dos escuelas, una para niños y otra para niñas. Para la escuela de niños, ofrecieron la fundación a los Hermanos Maristas, ya que los hermanos Santos conservaban un gran cariño por sus antiguos maestros (ellos habían sido alumnos maristas en el Colegio Franco Mexicano), obsequiándoles un extenso predio donde se levantaría el INSTITUTO FRANCO MEXICANO con sus campos de juego. Además ofrecieron $ 200, 000.00 pesos para ayudar a los gastos de la construcción.

Donativo tan extraordinario no podía ser rehusado, particularmente en ese momento en que los alumnos del Franco necesitaban nuevos espacios por la incesante demanda de inscripciones.

El 10 de mayo de 1950, sin ceremonia alguna se principió la construcción del edificio, a cargo del exalumno Ing. Constructor Gustavo M. Coindreau. La construcción se llevó a cabo sin ningún contratiempo, a marchas forzadas y turnos nocturnos, y el día 2 de octubre se pudieron comenzar las clases con 178 alumnos, la mayoría procedentes del Colegio Franco. Estuvieron repartidos en 5 clases: de 2° a 6° gados.

La inauguración del colegio y la bendición del inmueble tuvieron lugar el día 25 de noviembre fecha en que se realizó la visita del Hermano Leonidas, Superior General y del Hermano Provincial H. Leoncio Martín a la cuidad de Monterrey. Monseñor Guillermo Trichtler Arzobispo de Monterrey, bendijo el nuevo Colegio, y el Hermano Superior General agradeció en nombre de la Congregación a los bienhechores y colaboradores la generosa ayuda prestada.

Don Serafín García, director del Instituto escribió: El Colegio está situado en un lugar envidiable, en el punto más alto de la hermosa y floreciente colonia del Valle que es la colonia que goza de mejor clima en esta extremosa ciudad de Monterrey. La admirable vista de la Sierra Madre en este lugar es única, lo han confirmado los que conocen nuestro plantel.

A raíz de la segunda Guerra Mundial, la ciudad de Monterrey experimentó un desarrollo industrial y comercial importante, y su población aumentó considerablemente. Esto motivó que varios empresarios regiomontanos empezaran a abrir nuevas zonas residenciales. Los señores Don Manuel Santos y sus hermanos, propietarios de la Galletera Gamesa, S. A., urbanizaron una amplia zona al sur de la ciudad, hasta el pie del Chipinque: así nació la Colonia del Valle.

El centro de la futura colonia residencial estaría ocupado por una iglesia dedicada a Ntra. Sra. de Fátima y por una escuela de niños y otra de niñas. Esta última fue tomada por las religiosas Guadalupanas que crearon ahí el Colegio Labastida, y la primera se ofreció a los Hermanos Maristas, ya que los señores Santos se habían educado en los colegios de dichos religiosos.

Los Superiores maristas aceptaron el ofrecimiento, pues el Colegio Franco Mexicano ya resultaba insuficiente para atender el creciente número de inscripciones para la enseñanza primaria.

Los Sres. Santos obsequiaron el extenso predio donde se levantaría el edificio del futuro Instituto y los campos de juego, y además ofrecieron $200,000.00 (pesos plata) para ayudar a los gastos de la construcción; el resto fue aportado por los Maristas y por algunos padres de familia del Colegio Franco.

La construcción del nuevo plantel que llevaría el nombre de Instituto Franco Mexicano se llevó a cabo a lo largo del año de 1950. Los Hermanos iniciaron las labores escolares en septiembre, pero la bendición del inmueble y la inauguración oficial del mismo, se aplazaron hasta fines del año, cuando se haría presente en la ciudad de Monterrey el H. Leonida Garrigue, Superior General, en visita canónica a las obras maristas de la República.

El día 25 de noviembre de 1950, el H. Leonida Garrigue, procedente de Nuevo Laredo y acompañado por el H. Provincial, hizo su arribo por carretera a la Sultana del Norte. A la entrada de la ciudad lo esperaban los hermanos de Monterrey, con un numeroso grupo de alumnos, de exalumnos y de padres de familia de los colegios Franco Mexicano.

Tras breve y cordial saludo, la comitiva se dirigió al Colegio Franco Mexicano de la calle de Hidalgo.

A la llegada, la banda de guerra tocó marcha de honor, y entre vivas y aplausos pasó el Reverendísimo al lugar destinado para la recepción. Bellísimo conjunto. Haciendo guardia de honor a la Virgen de Guadalupe cuyo hermoso cuadro coronaba la escena, se hallaban los alumnos que integran la congregación Mariana. Los scouts y lobatos en uniforme de gala, formaban vistosa valla, y a continuación numerosa representación del alumnado.

El orfeón de Colegio saludó a la Virgen, y el H. Director, Dr. Salvador Mora Lomelí, dio la bienvenida al egregio visitante, quien agradeció cordialmente todas aquellas demostraciones de filial afecto. "Es para mí dijo: un placer visitar la Provincia Marista de este México que es mi segunda patria. Este recorrido será para mí un prolongado día de fiesta".

Larga e interesantísima fue la charla con que cautivó la atención de los Hermanos, dándoles las noticias más salientes que la Congregación. El resultado de este magnífico relato, tanto en Monterrey como en cada una de las Comunidades de la Provincia, no es tan solo satisfacer una curiosidad por justa que en el caso presente sea, sino, y sobre todo, el fomento del espíritu en familia y el acrecentamiento del amor a la Congregación. ¡Qué santo orgullo se siente de pertenecer a un Instituto al que Dios ha querido bendecir dándole tan maravillosa prosperidad!

La primera visita del Superior en Monterrey, fue para el Excmo. Sr. Arzobispo. Mos. Guillermo Trischer y Córdoba, quien a pesar de su delicado estado de salud, aceptó la invitación que se le hiciera para bendecir el nuevo local construido en la Colonia del Valle.

Los alumnos, exalumnos y padres de familia ofrecieron a nuestro Superior una fiesta literaria, cuya ejecución fue todo un éxito. Los bachilleres hicieron derroche de oratoria. También se lució el orfeón del Colegio que ejecutó bellas canciones.

Las palabras de agradecimiento del Reverendísimo fueron verdadero broche de oro en aquella hermosa velada. Elogió el dinamismo de los regiomontanos que han sabido dar un impulso extraordinario a la Industria y al comercio, pero sobre todo los felicitó por haber sabido conservar su principios religiosos, a pesar de los esfuerzos que hace la masonería y el protestantismo para descristianizar al pueblo.

"La sólida educación cristiana recibida de los colegios" dijo el Reverendísimo "explica este fenómeno, pero sobre todo hay que atribuirlo a la protección de la Patrona de México, pues mientras en el corazón de los habitantes de Monterrey impere la devoción a la Virgen de Guadalupe, será más fácil quitar de su lugar el típico cerro de la Silla que arrancar la fe al regiomontano".

Por la mañana del día 26 tuvo lugar una misa armonizada, con asistencia de los alumnos y sus familiares. El orfeón volvió a actuar en esta ceremonia, al final de la cual se cantó una solemne "Te Deum"

A las 11 horas del mismo día, reunidos en los corredores y patios del nuevo plantel las autoridades eclesiásticas y maristas y una selecta concurrencia, con los 180 alumnos fundadores y sus familiares, el Director del Instituto Franco Mexicano, H. Don Serafín García, dio la bienvenida a los Superiores y a todos los asistentes.

A continuación, Mons. Guillermo Trischller bendijo los edificios y patios, y el H. Superior General agradeció, en nombre de la Congregación, a los bienhechores de esta nueva escuela marista que ayudaría a la formación humana y cristiana de un buen sector de la niñez y juventud regiomontanas.

Terminada la alocución, los alumnos acompañados por la banda de guerra y por los scouts del Colegio, desarrollaron con todo acierto un selecto programa gimnástico-deportivo.

Poco tiempo después del festival, fue servido un ágape familiar en honor al ilustre Visitante, al que se dignó asistir el Sr. Arzobispo y un grupo de bienhechores y amigos del Colegio, entre los que se encontraban los Señores Santos.

Los festejos, aquí descritos, no impidieron que el H. Leonida reuniera a los Hermanos y compartiera con ellos sus experiencias espirituales y proyectos apostólicos. En estos contactos supo sintetizar las más bellas enseñanzas, la doctrina más adecuada a nuestra vida religiosa y marista. Y en aquellos momentos que el recogimiento hace tan propicio para reflexionar, tan hermosas verdades iban dejando en la mente, en el corazón y en la voluntad un germen de espiritualidad que al irse desarrollando hará de cada hermano un religioso mejor observante, más Marista, más santo.

La comunidad marista fundadora del I. F. M. estuvo compuesta por los Hermanos: Serafín García (director), Carlos Toral, Arnulfo Flores y David Barba.

El personal estuvo integrado así:

Director H. Serafín García,

6° Don Atilano de la Garza,

5° H. Carlos Toral (Don Charlie) ,

4° H. Arnulfo Bruno ,

3° Prof. Silverio Acevedo ,

2° H. David Guido quien fue sustituido en diciembre por el Hermano Carlos Esteban Lanier.